Lucía era tan pequeña, tan inocente. Desde niña se le exigió que fuese perfecta, la niña modelo de la familia.
Muy bien comportada, excelente estudiante. Era lo que se esperaba de ella, obviamente no sentía que estaba haciendo nada extraordinario.
Hacía sus berrinches de vez en cuando, pero estos eran aplacados inmediatamente por el carácter aún más fuerte de su madre. Esto hacía que la odiara como para matarla, pero hoy se lo agradece. Gracias a eso, es como es.
Esa inocencia tan marcada, debió perderla de manera radical de un día para otro. De la manera menos esperada, de la más dolorosa. Tuvo que empezar a sentirse responsable de otros, guardándose para sí su dolor, fingiendo tanto que no estaba ahí, que hasta ella misma lo creyó.
Así fue creciendo, con esa falta, con ese vacío que nunca pudo llenar, y nunca podrá. Porque ese lugar le pertenece a alguien, que se fue en el momento menos indicado, en el que ella más lo necesitaba. Pero claro, su orgullo calló las palabras que tanto quiso decir.
A pesar de todo, Lucía no puede quejarse, siempre tuvo todo lo que quiso; en cuanto a lo material, claro. Era el juguete preferido de la familia, la consentida de todos. El menor capricho era satisfecho. Por ese lado, fue feliz. Hasta que se dió cuenta de que la vida no se llena con eso, de que a veces un "te quiero" a tiempo, vale más que una Casa de Barbie. Pero bueno, sabe que ellos hicieron lo mejor que podían. A Ella sobre todo, no tiene que reprocharle. A final de cuentas, sabe que es la luz de sus ojos.
Hoy Lucía es todo una mujer, se sorprende a ella misma diciendo y haciendo cosas que nunca pensó, es tan diferente a cuando era pequeña. Lo que sí sigue igual, es que todavía la forzan a ser perfecta, ella misma se autorecrimina cuando comete un error, se la come la culpa al pensar que pudo haber defraudado a uno de ellos. Eso está bien, pero Lucía debería aprender que todos cometemos errores, y es la única manera de avanzar en la vida.
Lucía sencillamente vive.Está aprendiendo a lidiar con sus cambios repentinos de alegría a tristeza. Está avanzando. Está esperando por ese día en el que pueda liberarse de todas esas ataduras, de todo eso que le impusieron sin su consentimiento. Ese día será libre. Será finalmente feliz porque podrá vivir como ella quiera, no como a los demás les dé la gana.
Mientras, Lucía tendrá que seguir recreando una historia. Inventando una vida. Sólo para complacerles.